El contrapunto a la Navarra montañosa y húmeda es el desierto de las Bardenas. Un mundo aparte, árido, seco, de formaciones arrasadas por un viento frío y seco, el cierzo, que da forma a la tierra en barrancos y “cabezos”. Son estos elevaciones naturales del terreno de poca altura, aisladas y generalmente redondeadas, siendo el más famoso de todos el de Castildetierra, cuya imagen ha sido reproducida en miles de fotografías y en más de una película. En torno a él gira esta ruta, para ir de balsa en balsa, y de cabezo en cabezo, arrastrando nuestra fatiga bajo el sol del desierto.