CIUDADELA

Pamplona conserva gran parte de las murallas que entre los siglos XVI y XVIII rodeaban por completo la ciudad. Para hacernos una idea de lo inexpugnables que llegaron a ser sus altos muros, lo mejor es recorrer la Ronda del obispo Barbazán hasta el baluarte del Redín o acercase hasta la Ciudadela. Con la aparición de la pólvora y la artillería, los grandes castillos temblaron. Sus altos muros, más que un paso infranqueable, eran un blanco perfecto que los cañones, machaconamente, terminaban por derribar. Así que hubo que echar imaginación Leer más

al asunto, consultar a ingenieros y estrategas y trazar nuevos planos. El resultado fue las denominadas fortificaciones abaluartadas de las cuales la Ciudadela de Pamplona es un ejemplo destacado. El nuevo e ingenioso diseño se basa en la sustitución de los torreones medievales por baluartes, elementos salientes poligonales a las murallas que carecen de zonas muertas. El concepto es muy simple: yo te defiendo y tú me defiendes.

Un hermoso polígono estrellado. Las fortificaciones abaluartadas fueron tan inexpugnables que para rendir a sus defensores había que recurrir a prolongados asedios. Esta paciente táctica requería enormes recursos que únicamente los grandes imperios de la época podían sufragar sin caer en la bancarrota. Con el paso de los años la mejora de la capacidad de fuego de la artillería iba a poner en jaque a tan poderosas construcciones.

En 1888 se derriban los baluartes de San Antón (4) y el de la Victoria (5) para construir el primer ensanche de Pamplona. Quienes así lo decidieron poco sabían de conceptos militares y estéticos. La Ciudadela perdió su razón de ser y su hermosa geometría estrellada.

Durante las guerras carlistas una batería de cañones situada en el monte Ezcaba hizo fuego sobre la ciudad demostrando lo inútil de tanto muro y foso. Rápidamente se tomaron medidas, y se construyó en lo alto de dicho monte una nueva fortaleza que dominara toda la cuenca de Pamplona. Para cuando se terminó, surgió un nuevo contratiempo: la aviación. Poco pudieron entonces las triangulaciones y las casamatas.

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