Con la aparición de la pólvora y la artillería, los grandes castillos temblaron. Sus altos muros, más que un paso infranqueable, eran un blanco perfecto que los cañones, machaconamente, terminaban por derribar. Así que hubo que echar imaginación al asunto, consultar a ingenieros y estrategas y trazar nuevos planos. El resultado fue las denominadas fortificaciones abaluartadas de las cuales la Ciudadela de Pamplona es un ejemplo destacado. El nuevo e ingenioso diseño se basa en la sustitución de los torreones medievales por baluartes, elementos salientes poligonales a las murallas que carecen de zonas muertas. El concepto es muy simple: yo te defiendo y tú me defiendes. Para explicarlo mejor reflejamos a continuación el plan de ataque urdido por el capitán del ejército napoleónico Lerú, secundado por su fiel lugarteniente Gastón:

1 PANORÁMICA:
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En sus orígenes fue una capilla prerrománica, sobre la cual se construyó un templo románico (s. XII) del que se conservan en la cabecera tres ábsides y al que finalmente se añadió la nave gótica en el siglo XIV. 

 

1 INTERIOR:

 

1 REVELLÍN:

 

1 HACIA LA TACONERA: 

1 GLACIS: 

 

1 INTERIOR:

 

1 FOSOS:

 

1 PANORÁMICAS:

 

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