RECORRIDO DEL ENCIERRO

Durante las fiestas de San Fermín, cada mañana a las ocho en punto, salen los toros de los corrales para recorrer las calles del casco antiguo guiados por los mozos. Son aproximadamente 850 m, en los que se producen caídas, cornadas y en ocasiones muertos. El encierro a lo largo de su historia se ha cobrado la vida de 16 personas. El encierro de Pamplona se inicia en la Cuesta de Santo Domingo. Como su propio nombre indica es una cuesta, no demasiado pronunciada pero sí lo suficiente como para que los toros cojan carrerilla y arrollen a todo aquel que se les ponga por delante.Leer más

Los toros, animales de armoniosas proporciones y poderosas cornamentas, tiene las patas delanteras más cortas que las traseras y esto hace que les resulte más fácil correr cuesta arriba. Los animales salen de corrales con las fuerzas intactas y en terreno favorable, a una velocidad sin duda excesiva, por lo que este tramo resulta dificilísimo de correr, sólo apto para mozos expertos, que más que correr lo que hacen es apartarse antes de ser embestidos. Contemple la imagen del Santo en el mismo lugar en el que cada mañana de fiesta los mozos le cantan implorando su protección. Si quiere y tiene fe, y aunque no la tenga, pídale algo, que Santo que protege la vida de tantos, alguna influencia tendrá en los devenires de esta vida.

Pasada la Plaza del Ayuntamiento y la calle Mercaderes llegamos a la curva más famosa de los encierros. No se sabe muy bien cuándo comienzan los encierros pero sí se sabe cómo, y es el resultado de que al traer los toros para la lidia, generalmente de la ribera de Navarra, permanecían durante toda la noche fuera de las murallas y, muy de mañana, eran conducidos por las calles hasta la plaza. Eran guiados por hombres a caballo, pero los pamplonicas, voluntariosos ellos, quisieron ayudar. Primero con palos detrás de los toros y cuando se lo prohibieron, comenzaron a correr delante. Aunque la ocurrencia fue nuevamente prohibida por la autoridad competente, poco a poco se había ido convirtiendo en costumbre, y con el devenir de los años en tradición, y contra ésta poco pueden mandos y pregones. Se buscó un trazado por el Casco Antiguo lo más directo y recto posible, pero la curva de Mercaderes no se pudo evitar. Y así nos ha llegado hasta nuestros días uno de los tramos más espectaculares de esta peculiar carrera.

La calle Estafeta es larga, recta y relativamente ancha. Al llegar hasta ella los toros han perdido parte de su brío inicial siendo su velocidad algo más lenta. Todo ello hace que sea aquí donde los mozos realicen las carreras más bellas delante de las astas. El arte de correr consiste en esperar el momento oportuno, ya con los toros a la vista, para acelerar la carrera acompasando la velocidad a la de los astados, guiándolos sin molestarlos. En el momento oportuno también, hay que saber apartarse para que otros mozos continúen la tarea. El toro es el centro y la razón de ser del encierro, por lo que todos los mozos deberían correr de blanco y rojo, y no con camisetas de colores chillones buscando un protagonismo que no se merecen. El toro… “el toro corre arropado por los mozos”, ésta es la expresión que mejor define al encierro. Cubrir, abrigar, proteger al toro en su última carrera por las calles de una ciudad en fiesta.

El encierro termina en la plaza de toros después de haber atravesado el callejón. Es éste la entrada a la plaza, un paso estrecho, un “callejón”, y donde a lo largo de la historia se han producido acontecimientos dramáticos: los montones. Cuando un corredor cae, el que viene detrás puede tropezar con él y caer, y así sucesivamente hasta organizarse una montonera humana de difícil solución. Cuando los espacios son más amplios las escapatorias son mayores, pero el callejón es muy estrecho, demasiado para el gran número de corredores que lo atraviesa. Formado el montón, llegan los toros que ante la masa humana no saben muy bien cómo reaccionar: algunos se vuelven y otros intentan atravesarlo a base de empujones y saltos. Al final, por las buenas o a las malas, llegan a la plaza y son encerrados en toriles. El encierro ha terminado y es hora de hacer balance, para lo bueno o para lo malo.

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