SANTA MARÍA DE EUNATE

Es una pequeña iglesia situada en el Camino de Santiago Aragonés, justo antes de encontrarse en la cercana localidad de Puente la Reina con el Camino Francés. Lo que la hace singular es su pórtico perimetral y su planta centralizada. Leer más

FACHADA DE LA IGLESIA

La fachada principal es de una gran severidad siendo los únicos adornos los que encontramos en los arcos de medio punto abocinados de la portada de acceso. Para la iluminación de la nave central hay un óculo y finos vanos para las laterales.

CLAUSTRO

Comenzado a finales del siglo XII se prolongó hasta el XIV, lo que explica la diferencia de estilos que encontramos, desde los arcos más primitivos de medio punto en puro estilo cisterciense, hasta los del gótico pleno con arcos apuntados y elaborada tracería.

SALA CAPITULAR

Construida a la vez que la Iglesia, en el siglo XII, es de planta cuadrada con cubiertas de crucería que apoyan en dos columnas centrales. En ella se reunían los monjes con el abad todas las mañanas para repasar la regla y organizar la vida del Monasterio.

COCINA

En el exterior, sobre anchos muros de piedra reforzados por contrafuertes, sobresale la monumental chimenea de la cocina obra del siglo XIII. En el interior se abre un espacio diáfano donde un fuego y una olla parecen esperar las buenas artes de los monjes.

IGLESIA DE SAN ADRIÁN

Sus ruinas guardan el primer lugar donde los monjes cistercienses se instalaron en el siglo XII. Construyeron rápidamente una pequeña iglesia para poder orar y a partir de ahí, y con más calma, dedicaron sus esfuerzos a levantar el Monasterio.

CELDAS DE CASTIGO

En la sala capitular los monjes también debían reconocer públicamente los incumplimientos de la regla o podían ser acusados de ello por otro monje. La penitencia era pasar uno o dos días en las celdas de castigo a base de pan y agua.

IGLESIA ABACIAL

Siguiendo las reglas del padre fundador, San Bernardo, las paredes de las iglesias debían estar limpias y desnudas, imperando la arquitectura por la arquitectura. Todo llama a la calma y a la oración, sin nada que nos distraiga en esta creación de piedra.

LAVATORIO

De planta hexagonal y adosado al claustro constituía una parte fundamental en la higiene de los monjes. El agua pura de un manantial cercano se canalizaba hasta él para que los monjes en grupos se asearan antes de pasar al refectorio o comedor.

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