VALLE DEL RONCAL

El valle del Roncal es un valle escondido, con sus pueblos de casas de montaña a la sombra de las nevadas cumbres de los Pirineos. Los recorridos aquí son más exigentes, las cimas más altas, pero también las vistas más espectaculares. Después de la fatiga viene el descanso en los acogedores pueblos del valle, todos dignos de visitarse. 

TURISMO DE NATURALEZA EN EL VALLE DE RONCAL

La primera de las rutas es relativamente corta y nos lleva a través del paisaje kárstico de Larra para subir por una empinada cuesta hasta la cima del Arlás, desde donde disfrutaremos de una amplia panorámica de los Pirineos. La otra ruta ya son palabras mayores: la cima de la Mesa de los Tres Reyes. Aunque va en contra del espíritu de esta guía, por su distancia y por sus agotadores esfuerzos, la incluimos por ser el monte más alto de Navarra y porque es una ruta muy transitada y segura a poco que las condiciones meteorológicas acompañan.

TURISMO CULTURAL EN ROCAL

El valle del Roncal discurre junto al río Esca rodeado de altas montañas. El pueblo de Roncal es la capital del valle, tiene numerosos comercios y en él que encontraremos la tumba del famoso tenor Julián Gayarre, una iglesia que parece una fortaleza, un lavadero y  algún palacio barroco del siglo XVIII, con sus pórticos y escudos. Isaba, Burgui, Uztarroz, Garde, Urzainqui y Vidangoz son los otros pueblos del valle, cada uno con sus características pero todos con sus  estrechas calles empedradas y sus hermosas casas montaña.

TURISMO GASTRONÓMICO DEL VALLE

En las zonas más agrestes el sustento depende de lo que se le puede sacar a la tierra, y en Roncal se subsistía de la caza, la pesca, las setas, los hongos y la leche que daban las ovejas lachas. Toda esta tradición ha dado lugar a una suculenta gastronomía, en la que destaca el queso denominación de origen de Roncal. Las migas de pastor son otra de las especialidades, y entre otros restaurantes, las podremos degustar en la apartada Venta de Juan Pito, situado en lo alto de las montañas.

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¿SABÍAS QUE…?

El pastoreo ha sido, y lo es todavía, uno de los oficios tradicionales del valle del Roncal. Los pastores con sus rebaños marchaban hasta las Bardenas Reales en la Ribera de Navarra permaneciendo allí todo el invierno. Por mayo regresaban al Pirineo para aprovechar los pastos en todo su verdor. Con el fin de facilitar los desplazamientos se habilitó un camino de 131 kilómetros, la Cañada de los roncaleses, que se hacía en cinco duras jornadas de travesía.