RETIRADA

Asumiendo el fracaso de la expedición levantó el asedio e inició la marcha hacia Francia. Antes, y como garantía, exigió a Zaragoza la entrega de una importante cantidad de oro y reclamó rehenes, entre los que se encontraba el propio gobernador. Bajo un sol abrasador y con la tropa desmoralizada dos largas columnas formaron el ejército en retirada, la primera más numerosa y dirigida por el propio Carlomagno y la segunda, algo más lenta, con la retaguardia a una o dos jornadas de distancia. En las estribaciones de Tudela, al paso del río Ebro, Sulayman fue liberado en una rápida escaramuza dirigida por sus hijos, Matruch y Aysun. Un golpe de mano que le hurtaba al emperador rehenes y prestigio y que suponía un nuevo fracaso en su aventura hispánica.